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CAÍDA DE TENOCHTITLAN: 494 AÑOS


Guerra 1473 (Códice Durán). Representación del enfrentamiento entre tenochcas y tlatelolcas en 1473.



La matanza en el Templo Mayor (Códice Durán). Matanza liderada por Pedro de Alvarado en el Templo Mayor de México-Tenochtitlan durante la celebración de la fiesta de Tóxcatl.


Moctezuma II recibe a Cortés y le hace obsequios a su arribo a la Cuenca. De ahí, los lleva a la Casa Real en México-Tenochtitlan.


Mapa de Cortés. Representación de la ciudad de México-Tenochtitlan y sus alrededores que se encuentra en la Tercera Carta de Relación que cortés envió al Rey de España.


Enfrentamiento entre los mexicas y el ejército de españoles y aliados donde se observa el ataque por tierra y agua. (Códice Florentino).


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La historia verdadera de la Conquista de Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, las Cartas de relación de Hernán Cortés al Rey Carlos I, y las Crónicas de Indias en las que muchos conquistadores contaron sus vivencias en el nuevo mundo, son las principales referencias que tenemos sobre lo que pasó durante la Conquista de Tenochitlan (del 10 de mayo al 12 de agosto de 1521).
Para entender la conquista de Tenochtitlan, capital del Imperio Azteca (actualmente Ciudad de México), hace falta saber lo que pasó durante la Noche Triste y la Batalla de Otumba, y para conocer un poco mejor a Cortés, podríamos leer la anécdota de Pánfilo de Narvaez, o saber que partió de Santiago de Cuba con 553 soldados (32 ballesteros y 13 arcabuceros),110 marineros, 10 cañones pesados, 4 culebrinas ligeras, 16 caballos y unos cuantos perros, de los cuales ahora no quedaba ni la mitad. Por otro lado, saber que sólo la capital Tenochtitlan tenía unos 300,000 habitantes, semejante a las poblaciones actuales de Sta. Cruz de Tenerife (220 mil) y La Laguna (90 mil) juntas, para que nos hagamos una idea de lo extensa que era la ciudad en 1521.
Pasada la fatídica Noche Triste y el encontronazo de Otumba, los españoles fueron bienvenidos en Tlaxcala, donde Cortés y sus hombres contemplaron con asombro cómo diversas delegaciones de tribus indígenas, antiguos vasallos de los aztecas, juraban ahora fidelidad a la corona de España con el objetivo de ayudar para conseguir el fin de la supremacía azteca. Algunos de estos pueblos fueron incluso enemigos de los propios tlaxcaltecas en el pasado pero ahora, vista la voluntad de los españoles por acabar con los aztecas, no encontraron mejor momento para unirse. Tanto fue el odio de los tlaxcaltecas hacia los aztecas, que cuando el nuevo emperador Cuauhtémoc trató de forzar una alianza contra los invasores, Tlaxcala se negó rotundamente. Recordemos que los aztecas también fueron un pueblo expansionista y opresor, que tomaban los corazones de sus víctimas mientras estaban vivos, para ofrecerlo como ofrendas a los dioses, mientras las cabezas de los dueños rodaban, escalera abajo, por las pirámides del grandioso Imperio Azteca:




Una vez Cortés hizo descansar y reponer fuerzas a sus soldados, españoles y aliados indígenas, comenzó su avance hacia el Valle de México acabando con poblaciones guarnecidas por guerreros aztecas en su camino. Cuantos más triunfos conseguía más aliados. El ejército se componía mientras avanzaba hacia Tenochtitlan, sumando adeptos que iban a pie, a la vez que Martín López fabricaba 13 bergantines para hacerse con el control del Lago Texcoco, que prácticamente rodea a la capital mexicana.
La suerte de la ignorancia concedió a Cortés incluso más ayuda, porque Diego Velázquez (Gobernador de Cuba) había enviado dos barcos con refuerzos y provisiones para apoyar el fracasado intento de Pánfilo de Narváez por capturar e inmovilizar a Cortés. Las tropas amarraron en puerto, y en vez de ver a Pánfilo vieron a todo un ejército comandado por Cortés y sus hombres (Olid, Alvarado, Ávila, Salamanca y Sandoval), dispuesto a acabar con la supremacía del Imperio Azteca, atacando su capital. Inmediatamente los hombres se unieron a Hernán, concediendo comida, ropa limpia, algo de armadura y vino, así animando notablemente la moral de los soldados, de camino a la muerte.
Pero antes de la batalla llegaron todavía más refuerzos, ante la extrema sorpresa de Cortés. Unos por casualidad y otros por ganas de botín o heroísmo, se fueron uniendo al líder desde uno u otro lado. El Gobernador de Jamaica envió 3 barcos que al ser rechazados por los nativos pasaron al control de Hernán, y al poco tiempo, otros tres barcos llenos de voluntarios llegaron desde La Española, así formando un número total aproximado de 600 españoles y 10,000 tlaxcaltecas, pero habría que sumar también a los otros pueblos indígenas que se unieron, que llegarían a unos mil entre todos, aunque algunas fuentes se contradicen. Recordemos que Tenochtitlan disponía de una población de 300,000, de los que salía un ejército de 150,000, excluyendo mujeres y niños, aunque no todas.
El 10 de mayo de 1521 se lanzó el primer ataque español a la capital del Imperio Azteca después de que Cuauhtémoc rechazara las propuestas de paz españolas. Cortés lo hizo en tres frentes comandados, cómo no, por sus colegas Alvarado, Sandoval y Olid, todos ellos fantásticos combatientes con honores. Cortés se hizo cargo de la cuarta fila y de los barcos. A partir de aquí Hernán hizo lo siguiente:

Cortar el suministro de agua a los aztecas bloqueando la presa del cerro de Chapultepec.
Obstruir los terraplenes para avanzar por ellos hacia la ciudad.
Colocar bergantines en el lago para protegerse de las canoas aztecas.
Casi todos los arcabuces colocados en los barcos para estar defendidos mientras disparaban.
Amarrar lo antes posible y sorprender, con toda la tropa de los barcos, a los aztecas por los flancos y retaguardia.
Sin embargo, parecía que esto ya lo habían previsto los aztecas pues todas las brechas y trincheras construidas estaban acompañadas de muros de piedra adicionales, de manera que hubieran huecos en la tierra acompañados de murallas de piedra, así doblando la altitud total del obstáculo, obligando a los españoles a ir flanqueando los muros, liberando la zona, y rehabilitando los fosos para poder colocar la artillería, y así poder destruir la muralla improvisada. De esta manera, cañonazo tras cañonazo, los hombres de Cortés derribaron la última muralla, que daba paso a la vista panorámica de la Gran Plaza de Tenochtitlan, plaza que ocuparon.
A todo esto los aztecas habían capturado a 62 conquistadores, en una hábil maniobra de contraataque, pero los españoles avanzaron sin cesar de manera que en agosto, ya las defensas de la ciudad escaseaban, y lo único rebelde que quedaba era la posición montañera defendida por el propio Cuauhtémoc y sus hombres, que cayeron el 12 de agosto de 1521, rindiéndose y siendo alabados por los españoles por su bravura y coraje.
Aunque sí es verdad que los españoles destruyeron muchos edificios importantes y mataron sin dudar a todos los que se cruzaron en su camino hasta la rendición de Cuahtemoc, según el reportaje de Tenochtitlan, 1520-1521 del libro 50 Batallas que cambiaron el Mundo (Editorial Historia Inédita), fueron los tlaxcaltecas los que, en un acto de venganza y rencor, acabaron con la vida de 150,000 aztecas, de entre los que no distinguieron hombres de mujeres o niños. De hecho el propio Cortés los definió así: “Nunca he visto una raza tan despiadada ni a seres humanos tan inmisericordes”.

FUENTE: INAH (INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA)

La Caída de México-Tenochtitlan (1521), la capital del Imperio Mexica, llevada a cabo mediante la manipulación de facciones locales y de las divisiones existentes por el conquistador español Hernán Cortés. Muchas batallas existieron entre los ejércitos azteca y español, aquel compuesto mayoritariamente por indígenas.
El episodio final fue el sitio de México-Tenochtitlan, batalla final que marcó la caída de la civilización mexica y que marca el final de la primera etapa de la Conquista de México. Siendo la conquista de México parte de la colonización española de América.
En abril de 1519, Hernán Cortés, anteriormente jefe magistrado de Santiago de Cuba, tomó tierra en la costa de México en un punto que nombró Vera Cruz con aproximadamente 450 soldados. En un principio, Cortés estaba patrocinado por el gobernador de Cuba, Diego Velázquez. Velázquez mandó a Cortés dirigir una expedición en México después de que los informes de unas pocas expediciones iniciales al Yucatán captaran el interés de los colonizadores españoles en Cuba. Sin embargo, al poco tiempo Velázquez revocó la autoridad de Cortés y envió una gran fuerza bajo el mando de Pánfilo de Narváez para arrestar a Cortés. De acuerdo con el sistema judicial español, Cortés carecía de autoridad legal para llevar a cabo su plan, un hecho que volvería más tarde para atormentarle en su regreso a España.
Según se adentraba, Cortés pronto se encontró con una serie de tribus en contra del mandato mexica; Cortés realizó escaramuzas con algunos de estos pobladores, como los Totonacas y los TlaxcaltecasBernal Díaz del Castillo escribió que probablemente no habrían sobrevivido si fuera por Xicohténcatl el viejo, pero triunfo el deseo de una alianza de Maxixcatzin, quien optó por aceptar la alianza con Cortés y contra los Mexicas.
Un mito ampliamente citado dice que los mexicas inicialmente pensaron que Cortés era Quetzalcoatl, un personaje mítico cuya vuelta a México estaba profetizada el año que Cortés desembarcó, desde la misma dirección. En la actualidad, se cree que esta es una invención post-conquista, y la mayoría de los estudiosos están de acuerdo en que los mexicas tenían bien claro que Cortés no era un dios. Un encuentro entre Moctezuma, el Huey Tlahtoani, y Cortés, demuestra que los mexicas sabían que Cortés era un humano y no una deidad. Moctezuma se subió la camisa, y mostrando su abdomen, dijo: "Soy mortal como tú eres mortal". Tras este gesto, intercambiaron regalos. Antes de conocer a Cortés, no obstante, Moctezuma había sacrificado a sus propios mensajeros, los cuales habían hablado con los españoles porque "¡ellos habían visto los dioses... ellos habían hablado con los dioses!".
Moctezuma envió un grupo de nobles y otros agentes a su encuentro con Cortés en Quauhtechcac. Estos emisarios llevaron diversas joyas de oro como regalo, lo cual satisfizo en gran medida a los españoles. De acuerdo con el Códice Florentino, Lib. 12, f.6r., Moctezuma también ordenó a sus mensajeros llevar el penacho simbólico de Quetzalcoatl de Tula a Cortés y colocarlo en su persona. A medida que las noticias sobre los extranjeros llegaban a la capital, la sensación de temor de Moctezuma fue incrementando, llegando a considerar la huida de la ciudad, aunque finalmente se resignó a lo que el consideró el destino de su gente.
Cortés continuó su marcha hacia Tenochtitlan. Antes de entrar en la ciudad, el 8 de noviembre de 1519, Cortés y sus tropas se prepararon para la batalla, usando armaduras tanto ellos mismos como sus monturas, y organizándose en un orden militar. Cuatro caballeros marchaban al frente de la expedición. Tras estos, cinco contingentes más: soldados a pie con espadas de hierro y escudos de cuero o madera; caballeros con coraza armados con lanzas de hierro, espadas y escudos de madera; arqueros; más caballeros; y más soldados armados con arcabuces; por último, nativos de tlaxcaltecas, Tliliuhquitepec y Huexotzinco. Los soldados indígenas vestían armaduras de algodón y estaban armados con escudos y arcos. Muchos de ellos llevaban provisiones en cestas o paquetes mientras que otros escoltaban los cañones en carros de madera.
El ejército de Cortés entró en la ciudad a través del paso elevado cubierto de flores (Iztapalapa) asociado con el dios Quetzalcoatl. Cortés fue recibido amistosamente por Moctezuma, el cual le dijo "Has venido para ocupar tu trono". La prisionera Malinalli Tenépal, también conocida como La Malinche o doña Marina, ejerció como traductora del Náhuatl al maya chontal, y el español Gerónimo de Aguilar tradujo de maya chontal a español.
Más tarde, Moctezuma fue tomado como rehén como medida de seguridad por los españoles, muy superiores en número. De acuerdo a los testigos, Moctezuma se negó inicialmente a abandonar su palacio, pero tras una serie de amenazas y discusiones con los capitanes españoles, accedió a trasladarse al palacio Axayáctal junto a su comitiva. El primer capitán asignado para su vigilancia no fue otro que Pedro de Alvarado. Otros señores Mexica también fueron detenidos por los españoles. El palacio fue rodeado por más de cien soldados españoles para prevenir cualquier intento de rescate del emperador Huey Tlatoani.


Se desconoce por qué Moctezuma cooperó tan fácilmente con los españoles. Es posible que temiera perder su vida o su poder político, aunque también podría haber sido un movimiento estratégico, con el fin de recabar más información sobre los españoles o esperar al cambio de estación para atacar. Sin embargo, no llevó a cabo ninguna de estas acciones incluso a pesar de los consejos de altos líderes militares como su hermano Cuitláhuac y su sobrino Cacamatzin. Con Moctezuma cautivo, Cortés no necesitó preocuparse por ataques o falta de suministros. Asimismo, asumió que podría controlar a los mexicas a través de Moctezuma. No obstante, Cortés desconocía los sistemas de gobierno de los mexicas; Moctezuma no era todopoderoso, como imaginaba Cortés. El acceso al trono y su mantenimiento dependían de la habilidad para gobernar, pudiendo ser reemplazado fácilmente por otro noble si fallaba. Al primer signo de debilidad, los nobles mexicas tenían la responsabilidad de rebelarse. A medida que Moctezuma cumplía las demandas de Cortés, como reunir tributos para los españoles, su autoridad iba disminuyendo, y su gente comenzaba a volverse en su contra rápidamente.

Cortés y su ejército recibieron permiso para permanecer en el Palacio de Axayacatl, y las tensiones continuaron creciendo. Mientras los españoles estaban en Tenochtitlan. El Gobernador Velázquez, la mayor autoridad española en las Américas, reunió una fuerza de 19 barcos, más de 800 soldados, 20 cañones, 80 caballeros, 120 arqueros y 80 arcabuceros bajo el mando de Pánfilo de Narváez para capturar a Cortés y llevarlo de vuelta a Cuba. Velázquez sentía que Cortés había excedido su autoridad, y había sido advertido de la mala conducta de Cortés durante aproximadamente un año. Sin embargo, había esperado la aparición de vientos favorables, y no pudo enviar ningún contingente hasta primavera. Las tropas de Narváez tomaron tierra en San Juan de Ulúa, en la costa mexicana, alrededor del 20 de abril de 1520.
Después de que Cortés advirtiera su llegada, este reunió un pequeño contingente de alrededor de 300 hombres al campamento de Narváez en Cempohuallan el 27 de mayo. Cortés atacó el asentamiento en plena noche, tomando a Narváez como rehén y logrando su rendición. Hay evidencias que sugieren que ambos estaban inmersos en negociaciones en aquel entonces, y que Narváez no esperaba un ataque. Asimismo, Cortés también había dividido las fuerzas de Narváez con promesas de vastas riquezas en Tenochtitlan, acelerando así la rendición. Narváez fue preso en Veracruz, y su ejército se fusionó con el de Cortés.
Los españoles tomaron control de todos los pueblos y ciudades en las orillas del lago, bloquearon las salidas de la ciudad y cortaron el acueducto que traía agua a la ciudad. Mandaron una flota de 12 bergantines con un cañón cada uno y miles de balsas indígenas que arrasaron la flota mexica. Cortés esperaba la rendición rápida de la ciudad, pero dentro de esta Cuauhtémoc ejecutó a todos los nobles que apoyaban el negociar con los españoles. Los mexicas se atrincheraron en la ciudad bloqueando el puerto y los puentes. Cuando vino el ataque español por tierra y agua los mexicas lucharon casa por casa defendiendo su ciudad. El combate se convirtió en una batalla urbana.
Cuando las fuerzas españolas entraron en la ciudad, prácticamente cada azotea era una fortaleza enemiga. Una vez más, los mexicas adoptaron nuevas tácticas, y en esta ocasión atacaron a los españoles desde sus propios edificios. Esto retuvo a los asaltantes durante un tiempo, pero no impidió su avance por la ciudad, los españoles empezaron a lanzar ataques con el fin de quemar las casas para luego retirarse dejando el camino limpio para cuando volvieran. A principios de agosto, la mayoría de la población se había retirado a Tlatelolco. Cortés envió emisarios indígenas de una ciudad azteca conquistada con el fin de convencer a los tlatelolcas para que se unieran a su lado y entregar a los refugiados, pero los tlatelolcas se mantuvieron leales a los mexicas.
Los mexicas se enfrentaron a otro gran problema cuando la gente de Tetzcoco, todavía leales, cayó en manos españolas. Durante cuatro días, los ejércitos de Alvarado, Olid y Sandoval asediaron el mercado de Tlatelolco. Finalmente, controlaron alrededor del 90 por ciento de la ciudad.
Durante todos sus enfrentamientos, los mexicas continuaron la práctica de ceremonias tradicionales, tras algunos contrataques los aztecas capturaron algunos enemigos que se convirtieron en los últimos sacrificios humanos que hicieron. Aun así, los mexicas no podían luchar mucho más, su situación era desesperada, ya no tenían agua ni alimentos, empezaron a morir de hambre y sed, llegaron a beber el agua salobre del lago y a romper los ladrillos de barro para comer las raíces que tenían. Tras consultar con los nobles supervivientes, Cuauhtémoc inició las negocaciones con los españoles.


Los mexicas se rindieron el 13 de agosto de 1521. Supuestamente, Cortés demandó el oro perdido durante La Noche Triste poco después. Cuauhtémoc fue tomado como rehén y posteriormente ejecutado.
Los mexicas huyeron de la ciudad ya que las fuerzas españolas continuaron los ataques incluso después de la rendición, masacrando a miles de habitantes y saqueando la ciudad. Dado que esta no era una práctica habitual en las guerras europeas, esto hace suponer que los aliados indígenas de Cortés tenían más influencia sobre él de la que él mismo suponía. Los supervivientes abandonaron la ciudad en los siguientes tres días. Casi toda la nobleza estaba muerta, y los supervivientes restantes eran en su mayoría niños muy jóvenes. Se estima que 240,000 mexicas murieron durante el asedio, que duró ochenta días, por su parte Cortés cifra las muertes en 67,000 por combate y 50,000 de hambre. En las fuerzas españolas, sobrevivieron 900 soldados, 80 caballos, 16 piezas de artillería y 13 bergantines.
Es comúnmente aceptado que los aliados indígenas de Cortés, que podrían haber sumado hasta 200,000, fueron los principales responsables del éxito, aunque su ayuda pasó virtualmente inadvertida y, aparte de librarse de los mexicas, obtuvieron pocos beneficios. Dado que varios grupos grandes se contaban entre los aliados, ninguno en particular fue capaz de alzarse con el poder, algo de lo cual se benefició Cortés. 

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