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El cuerpo a la venta. No importa quién eres, sino lo que representas.



En una era como ésta en que la mayor parte de las relaciones humanas se realiza a través de internet y redes sociales; en un tiempo mediático en que cada uno es productor y promotor de su propia imagen por medio de Facebook, Twitter e Instagram, es cuando nos damos cuenta de la importancia de nuestro aspecto físico para difundir ese “ideal” de lo que somos. Éste ha sido en los últimos años un tema de preocupación para los intelectuales, en especial para los filósofos del siglo XXI.

Entre éstos podemos mencionar a una generación de jóvenes filósofos que en español, desde América Latina hasta España, están reflexionando sobre el origen de nuestra caótica vida contemporánea, entre ellos están argentinos como Pablo Maurette que con su libro El sentido olvidado rastrea la omisión del sentido del tacto para una cultura tan visual como la que tenemos ahora; los mexicanos Cristina Rivera Garza y Luigi Amara quienes plantean en sus textos la relación entre cuerpo o partes del cuerpo con el poder político, y los españoles César Rendueles y José Luis Moreno Pestaña, los cuales se remontan a épocas lejanas para explicar por qué los occidentales estamos obsesionados con valores y prejuicios, como la idea del progreso o la delgadez, que ven su potencialización en esta era digital.

Es justo este último filósofo, Moreno Pestaña, profesor de filosofía de la Universidad de Cádiz, quien presenta su nuevo trabajo, La cara oscura del capital erótico (Akal, 2016), para desentrañar desde qué periodo de la historia de la humanidad se le toma tanta importancia al cuerpo y a sus cuidados para tener cierta movilidad en los escalafones sociales, culturales y económicos. Lo que José Luis Moreno plantea es que esta idea de la procuración de la belleza del cuerpo y atención médica y estética no tienen demasiado tiempo entre nosotros, mejor dicho, es una práctica más o menos reciente que se relaciona con la idea del progreso económico y técnico, así como de la modernidad, cuyos sistemas de pensamiento político y económico están basados en la liberación espiritual y la individualización de las personas.

Es decir, los motores del mercantilismo y la democracia liberal actuales. Como todo, esta liberación conllevó a los bienes y malestares sociales que vivimos hoy. Dice el joven filósofo que el cuerpo en la era clásica grecolatina, así como en el medioevo, estaba ligado a los valores religiosos y eclesiásticos. Incluso, comienza con una cita de los clásicos griegos para evidenciar que para ellos era difícil diferenciar a un esclavo de un ciudadano sólo por su aspecto físico. Lo que contrasta con lo que ocurre en este siglo XXI, supuestamente democrático, en donde es muy fácil, sólo por complexión y vestimenta, saber en qué clase social se encuentra cada persona, y así es como juzga esta sociedad contemporánea.

Moreno Pestaña también explica cómo en la llamada Edad Media la belleza del cuerpo estaba delimitada sólo al rostro, pues la coquetería corporal era sumamente criticada. Al llegar el Renacimiento, pero sobre todo la gran revolución que fue la Ilustración, la liberación de las ideas y el laicismo provocaron que el cuerpo feudal o medioeval, que estaba ligado a una condición de fe -Dios determinaba quién era quién en estas sociedades-, se despojara de las prendas y se exhibiera a todas luces. Del cuerpo feudal, dice Moreno Pestaña, nació con la modernidad el cuerpo burgués.

Si en la Edad Media, con el cuerpo casi oculto, la gordura no era perniciosa, pues casi todo estaba basado en los dogmas de fe, en la edad Moderna el cuerpo liberto no necesitó de la religión ni de Dios para incorporar una moral que la hiciera ser “bella”, “sana”, “justa” y “noble”, sino que se basó en la estética y en la delgadez para justificar esos valores. A uno no les basta ser bello y justo por dentro, sino que el cuerpo exterior tenía que representarlo. Estamos en el comienzo de la época de la “apariencia”, que aún vivimos por cierto a su máxima potencia; en estos tiempos en los que para representar ser culto, inteligente, educado, trabajador, con dinero y gozosos de la gracia del talento, no basta con saber o el conocimiento, sino que hay que justificarlo y reflejarlo con el físico, la delgadez comenzó a tomar fuerza en Europa entre los siglos XVI y XVII.

Hoy, como también lo dice la mexicana Vivian Abenshushan, ser delgado o hacer ejercicio está justificado con la “responsabilidad sanitaria”, la cual, ya observaba José Ortega y Gasset en la década de 1920, nos llevará a una homogenización mundial en que la belleza corporal se ligará a la idea de “adolescencia eterna”, imagen “aspiracional” que utilizarán los mercados de venta de productos comerciales y mediáticos, así como los mismos medios tradicionales y digitales como lo son las redes sociales. El libro La cara oscura del capital erótico, de José Luis Moreno Pestaña, es una profunda investigación y reflexión histórica y filosófica sobre cómo nos compartamos y respondemos ante una sociedad tan acelerada y necesitada de insumos materiales y visuales como la que vivimos en toda Iberoamérica. Además, es un buen ejemplo de la filosofía que se hace en nuestro idioma.

José Luis Moreno Pestaña, La cara oculta del capital erótico. Capitalización del cuerpo y trastornos alimentarios, Akal, Madrid, 2016.

Por Marcos Daniel Aguilar

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