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Elena Garro, autora clave de la literatura hispanoamericana

Elena Delfina Garro Navarro (Puebla, Puebla, 11 de diciembre, 1916 - Cuernavaca, Morelos, 22 de agosto, 1998) decía sobre sí misma ser una mujer cuyo mundo era la lectura y pero su vocación pudo ser otra.

Elena Garro deseó ser coreógrafa, bailarina o general, pero destacó por ser una escritora multifacética que escribió novela, teatro y ensayo histórico, recurriendo para la creación de sus distintas obras a la crónica, a la memoria y a la poesía.

La crítica literaria de diversas épocas --explica Margarita León, investigadora del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma Mexicana-- pone a Elena Garro como una de las escritoras más importantes del siglo XX, compartiendo el crédito con Rosario Castellanos y Guadalupe Dueñas.

La académica indicó en entrevista que la influencia más importante de Elena Garro en la literatura fue a partir de 1963, cuando publicó su primera novela Los recuerdos del porvenir.

“Ella fue una voz distinta respecto a la literatura que se venía escribiendo anteriormente, porque si bien había historias sobre los pueblos alejados y marginados, ella introdujo en su narración elementos del surrealismo, de la fantasía y de la paz. Creo que uno de los grandes aportes de Elena Garro fue el exponer en sus cuentos y obras de teatro la historia de México”.

La docente adscrita al Centro de Poética, indicó que Elena Garro apostó en sus obras por el poder del lenguaje, y destacó las creaciones de obras teatrales poéticas e imaginativas, que le siguieron a su más popular novela, las cuales presentan una corriente general de la literatura europea.

“Coincido con la opinión que externó en vida Emmanuel Carballo, en el sentido de que la obra de Elena Garro consiste en un realismo poético, ese que pasa por la magia, el sueño, la imaginación, para dar ciertas formas al surrealismo, por lo que creo es una escritora que abre brecha a escritoras posteriores”.

Margarita León señaló como erróneo que se le considere feminista a la autora de Andamos huyendo Lola. “Ella no creó una escritura femenina, incluso hizo una crítica feroz de Simone de Beauvoir, creía en el escritor sin sexo, y sus modelos son los clásicos escritores como Honoré de Balzac o Fiódor Dostoyevski”.

La investigadora resaltó que en sus obras Elena Garro presentó mujeres perseguidas, a las que no victimizó del todo, ya que no son mujeres sumisas sino personas en medio de situaciones difíciles. Agregó que asumió grandes tradiciones literarias, no sólo latinoamericanas sino europeas, por lo que no se restringió al ámbito de la literatura nacionalista.

Durante mucho tiempo --añadió Margarita León-- a Elena Garro se le consideró una escritora en el olvido o marginada, lo que ya no es válido decir actualmente. “Elena Garro puede compararse con otros escritores del siglo XX. En estos días ya contamos con muchos estudios sobre su teatro, memorias, y su obra novelística, decirle marginal sería desconocer lo que se está haciendo en la academia. Ella ha sido revalorada y ubicada en la historia de la literatura”, aseveró.

Emmanuel Carballo (1929- 2014) calificó a Elena Garro como una escritora de la cabeza a los pies, modificante, deslumbrante, innovadora, por lo que la literatura era una antes de Elena Garro y otra después de ella., e indicó que la principal aportación de Elena Garro fue llevar a la literatura latinoamericana un mundo lleno de magia.

“Es la creadora de un realismo que ya no es realismo crítico, ni realismo costumbrista ni expresionista, sino que viene a ser una cosa íntima, suave, y poco a poco va dejando el mundo de todos los días para entrar a un realismo mágico que de alguna manera es una crítica al mundo en que vivimos”, escribió el crítico literario.

Obra teatral

Alejandro Ortiz Bullé Goyri, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana, refirió que Elena Garro se vale de la escritura dramática no para deslumbrar sino para expresar su propia visión del mundo, por lo que encontró en este género uno de los espacios prolíficos de su expresión artística.

“Ella decía que su teatro no es mágico pues todo lo que hay en él es real, sin embargo, aunque ella no lo quisiese, su teatro y su novela Los recuerdos del porvenir, desde su título mismo, nos lleva de la mano a lo que el cubano Alejo Carpentier llamó lo real maravilloso”.

El académico refirió que el teatro y relatos de la autora encuentran cabida dentro de la literatura fantástica en términos amplios. “Elena Garro pudo desarrollarse como magnífica narradora y contadora de historias, en su vida literaria el teatro le abrió el camino que la escritora necesitaba para expresar con amplitud sus obsesiones creativas”.

Su obra teatral está integrada por obras como El árbol, Felipe Ángeles, Los pilares de Doña Blanca, El rey mago, Andarse por las ramas, Ventura Allende, Los perros, La dama boba, El rastro, Benito Fernández, La mudanza y El encanto.

“Obras como Un hogar sólido presenta elementos surreales, empezando con la idea central de mostrar otras realidades paralelas de la vida cotidiana, el mundo onírico cargado de símbolos, y, sobre todo, la idea sugerente de realizar a través de imágenes teatrales, un viaje hacia mundos poéticos e inusitados”, indicó.

Puntualizó que a Elena Garro se le reconoce a pesar de los vaivenes de su vida, como una dramaturga vital, única y propositiva. “Hay una intencionalidad intrínseca en sus obras. Para ella el teatro fue un espacio de liberación personal y expresión natural, la vida escénica cautivo desde joven su imaginación y espíritu creativo”.

El papel de Elena Garro como dramaturga tuvo un fin fundamental. “Su teatro es a todas luces una experiencia artística, un teatro que interroga y no siempre da respuestas como podría ofrecerlas una dramaturgia realista. Su teatro es una interrogante que busca comprensión a las complejidades y contradicciones del ser humano, creemos que si su teatro tiene sentido es ahí donde podemos encontrarlo en sus lecturas e interpretaciones escénicas”, apuntó Alejandro Ortiz Bullé Goyri.

Los recuerdos del Porvenir

Publicada el 25 de noviembre de 1963, Los recuerdos del porvenir es considerada la obra cumbre de Elena Garro, la cual ha sido traducida a varios idiomas, además del inglés y el francés. Se considera una de las creaciones más perfectas de la literatura hispanoamericana contemporánea.

Sara Sefchovich, en la introducción de su libro Mujeres en espejo I, calificó a la primera novela de Elena Garro como la gran obra de la guerra cristera en México, una visión del país y de su gente a partir del universo familiar y provinciano, donde no sólo mira a la Revolución Mexicana, sino que recupera los mitos y las tradiciones de este país combinándolos con la vida de aquel entonces.

Elena Poniatowska expuso en un coloquio dedicado a la escritora que Los recuerdos del porvenir es piedra de toque en la literatura mexicana. “Esta novela extraordinaria tiene que ver un poco con el realismo mágico, y se le llamó por eso la antecesora de Juan Rulfo, pero también muy ligada a García Márquez, pero ella valía por sí misma”.

Para la escritora y académica Sara Poot Herrera, más allá de obras como Los recuerdos del porvenir, La semana de colores y un Hogar sólido, al revisar toda su obra, sus libros se observa una gran coherencia desde el punto de vista del acto de la creación.

José Carlos Castañeda, experto en la obra de la dramaturga comentó que el contexto en el que vivió Elena Garro, fue el “telón de fondo” de sus obras con las que más que rememorar la violencia y las batallas recrea una atmósfera funesta que alimenta la ficción y el desencanto.

“Los recuerdos del porvenir, ocurre en el ambiente de la Cristiada. En sus relatos se respira la zozobra y desesperanza que acompañó las hostilidades de la Guerra Fría, hasta alcanzar ese punto de quiebre el 68”.

Carlos Castañeda manifestó no coincidir con quienes la definen como precursora del realismo mágico. Comentó que la nostalgia era su inspiración y la pérdida del paraíso un tema recurrente en sus historias y como narradora buscó revivir al México olvidado, abrazado por la fuerza de la modernidad.

“Elena Garro refutó una a una todas las etiquetas que usaron los críticos literarios para calificarla. No aceptó ser parte del llamado realismo mágico ni se identificó con los movimientos feministas, tampoco es una novelista de denuncia social como Rosario Castellanos.

“Ella defendió el lado de las minorías, los perseguidos, los católicos, los indios, su anhelo era recuperar el dominio fantástico oculto en la penumbra de una realidad demasiada incriminada en la luz del progreso”, apuntó Carlos Castañeda.

Elena Garro estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México literatura, coreografía y teatro. Tiempo después hizo estudios de posgrado en la Universidad de California, en Berkeley, y en de la Sorbona, en París, Francia.

A los 18 años Elena Garro llegó a la capital del país para ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a la par que estudió danza y teatro. Pronto se convirtió en coreógrafa del Teatro Universitario y comenzó a actuar en algunas obras.

Muy joven, mientras estudiaba, contrajo nupcias con el poeta Octavio Paz. Fue amiga de Christian Dior, Pablo Picasso y Jean-Paul Sartre durante los años que vivió en París, de 1946 a 1952. En 1963 publicó su novela más famosa Los recuerdos del porvenir, por la cual mereció el Premio Xavier Villaurrutia.

Vivió en Estados Unidos, España y Francia; en 1993 regresó a México. Ejerció el periodismo en México y Estados Unidos. Escribió guiones cinematográficos. Colaboró en Casa del Tiempo, La Palabra y El Hombre, México en la Cultura, y Revista de la Universidad de México. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, como creadora emérita, desde 1993. Otros de sus reconocimientos fueron Premio Juan Grijalbo de Novela 1980 por Testimonios sobre Mariana; Premio Nacional de Literatura Juan Ruiz de Alarcón 1994 por su trayectoria; Premio Nacional de Narrativa Colima para Obra Publicada 1996; y Premio Sor Juana Inés de la Cruz 1996 por Busca mi esquela/Primer amor.

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