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Kenya Márquez charló con el público de la Cineteca Nacional



La Sala 4 Arcady Boytler de la Cineteca Nacional albergó la segunda charla de una edición más del ciclo de conferencias Conversando con nuestros cineastas, que tuvo como invitada a la directora, guionista y realizadora Kenya Márquez y quien habló sobre su película Fecha de caducidad.

El ciclo -que en febrero está dedicado a realizadoras destacadas- es organizado por el Departamento de Extensión Académica de la Cineteca Nacional con el objetivo de vincular al público con las figuras que han trascendido en la historia fílmica gracias a su labor cinematográfica.

Fecha de Caducidad es una comedia negra que narra los últimos momentos de vida de tres personajes peculiares: Genaro, Ramona y Mariana.

Ramona (Ana Ofelia Murguía) es una mujer sumisa que pierde a Osvaldo, su único hijo, un hombre holgazán que vivía con ella. En el afán de encontrarlo recorre todos los lugares posibles hasta llegar a un servicio médico forense donde se encuentra con Genaro (Damián Alcázar) un inocente y enamoradizo mil usos quien pasa el tiempo en la morgue como un aficionado porque nunca termina la universidad. 

Días después de este suceso Ramona descubre que su hijo está muerto (pues encuentra su cuerpo sin cabeza) y sus obsesivas sospechas se dirigen a otro personaje: Mariana (Marisol Centeno) una mujer joven, atractiva y fugitiva que llega a vivir al edificio de Ramona, quien después de darse cuenta que estará sola el resto de su vida y dentro de su paranoia y dolor, enloquecerá y buscará venganza.

Después de la proyección de la cinta, Guillermo Vaidovits, director Académico de la Cineteca Nacional charló con Kenya Márquez sobre el origen del título de la película, su mensaje, los problemas a los que se enfrentó durante su estreno y algunas anécdotas de grabación. 

Respecto a Fecha de caducidad, Kenya Márquez detalló que se trata de un título que remite a la vida de los tres personajes, es decir, cómo a partir de tomar sus propias decisiones cada uno tiene una fecha de caducidad.

“Era también un juego de palabras con la lata y la sangre. Remite a ciertas analogías que intentamos todo el tiempo que se reflejarán en la película, en la atmósfera, en las tonalidades en la fotografía y en las propias situaciones que vivían cada personaje”.

Respecto al mensaje de la cinta, la ex directora del Festival Internacional de Cine en Guadalajara dijo que a través del guión (que tardó en escribir cinco años) buscó narrar una historia que se contará como un rompecabezas, la cual el espectador al mismo tiempo pudiera construir y en donde lograra comprobar su hipótesis y preocupación permanente: la discriminación, el cómo se crean prejuicios y juzga a una persona a partir sólo de su apariencia.

La autora de Señas particulares (2007) y El secreto de Candita (2011) también conversó de los problemas a los que se enfrentó su película en su estreno, por ejemplo, que el tema no era muy acertado por el momento de violencia que vivía México.

“Eso provocaba que los coproductores posibles o empresas no quisieran participar porque estaba de por medio un contexto difícil por los desparecidos y el narcotráfico. Cuando escribí en el guión lo de la cabeza, todavía no sucedía en México lo de los descabezados y cuando la cinta estaba cercana a poder financiarse, empezaron a aparecer en las hieleras y tuve que retroceder otra vez. 

“Pero seguí adelante, para mí era muy importante dentro de mi historia de amor, plantear el contexto de mi país porque creo firmemente que el cineasta tiene una responsabilidad social y un compromiso de mostrar la realidad de una forma o poniéndola a consideración de cualquier género, en este caso el humor negro”.

Finalmente, la realizadora conversó acerca del proceso de grabación de la película y su atmósfera visual, la cual dijo trató que fuera sucia y tuviera un sentido de tristeza que embarga a México.

Añadió que fue grabada en formato súper 16mm, en edificios raros, que trató de usar encuadres donde no se vieran las cabezas de los personajes para crear una metáfora permanente alrededor de la de Osvaldo, que tuvo una selección de colores rojos para remitir a la sangre y el sufrimiento de la mujer, y que hizo una elección minuciosa de los objetos personales de cada protagonista.

“La idea es que fuera una película universal, que habla de que el amor de una madre o el padre hacia un hijo es lo más grande que existe, además de conversar sobre la pérdida de uno que debe ser lo peor que puede tener el ser humano. 

“Fue un rodaje muy complejo, yo estaba embarazada, todo era difícil. La mitad de la película se hizo en llamados nocturnos y a Ana Ofelia Murguía le costaba mucho trabajo poder estar despierta en las noches. La cinta se hizo en cooperativa, en promedio una película mexicana cuesta como 20 millones de pesos y esta costó siete. Nadie cobró honorarios. Fueron condiciones muy complejas pero todo salió bien”.

El ciclo Conversando con nuestros cineastas continúa el jueves 16 de febrero con Claudia Sainte-Luce que hablará de su cinta Los insólitos peces gato, y concluye el jueves 23 de febrero con Mariana Chenillo y Cinco días sin Nora. Las charlas son a las 18:00 horas. Entrada libre con boletos disponibles en la taquilla 5 de la Cineteca Nacional.

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